Desde el momento en que el viento empezó a subir hasta bien entrada la noche el “MAPFRE” navegó mojado. Olas sobre cubierta, spray constante, manos curtidas por el agua, ropa húmeda, caras cansadas y con frío…

Estamos navegando con el Código Cero, J3 y la mayor a tope. Cada vez que el barco pincha se nota cómo todo, y todos, nos desplazamos hacia la proa del barco con mucha fuerza. Las cosas toman vida y aparecen en lugares insospechables. Un buen ejemplo es la caja con todo mi material de trabajo, con las cámaras, lentes y accesorios… Apareció a las cuatro de la mañana en sotavento, bien a proa. Iker la ve y me dice: “Vignale, no sé que hace eso allí pero si todavía no te enteraste aquí estamos para ganar y no para participar”. Unos metros detrás de mi caja había una bolsa de comida de las pesadas debido a que entre pinchada y pinchada, las cosas vuelan por todos lados.

Ya empieza la cuenta atrás de millas para la llegada. “Faltan 1.400 millas para llegar, no es nada”, decía el proa Antonio Cuervas-Mons.

Respecto a la regata todavía la moneda está en el aire, puede caer en cualquiera de las dos caras. Desde nuestra posición se está hacienda todo lo posible para acercarnos a los de delante. El animo es de “¡Vamos, vamos, vamos que podemos!”. Fecha estimada de llegada a Ciudad del Cabo: ocho de noviembre por la tarde.

Bueno, aquí hay dos temas muy interesantes: uno es la comida y otro las posibilidades que tendríamos de recortar millas con los de delante. Respecto a la comida a bordo hay comida física preparada hasta el día cinco de noviembre, luego para el seis hay un kit de emergencia que se puede distribuir en varios días, pero en sí no es un plato de comida caliente. Sabiendo la posibilidad de que la etapa durase más, todo lo que sobraba se fue guardando y almacenando. No cenaremos como corresponde pero algo vamos a poder comer.

Francisco Vignale