Para la pelota y mira” te dice un director técnico de fútbol. La calma que atravesamos por la noche debido a los 3.000 metros de altura de Sri Lanka han hecho que nos reagrupemos con “Brunel”, “Abu Dhabi” y “Alvimedica”. Fue como parar la pelota, mirar cómo estaba todo y volver a jugar.

A unas cinco millas al Norte vemos a “Brunel” y a nuestra popa está “Alvimedica”. Cada vez entiendo más cuando dicen que la vela oceánica “one design” es una montaña rusa: te baja, te sube, te sacude, te da vueltas, te pone arriba, abajo y cuando crees que tienes todo controlado, te tira cuesta abajo a 200 kilómetros por hora.

Después de salir de la calma comenzamos a ceñir al Este y el viento fue casi subiendo perfectamente nudo a nudo y marcando bien los momentos para los cambios de vela.

El agua está caliente y los splashs no son de esos que te quitan el aliento. ¡Después de varios días de calma volvió el agua a cubierta! Es perfecto para generar buenas imágenes, pero la vida a bordo se hace bastante más incómoda. La humedad, la condensación y el tener que cerrar todo para que no entre el agua hacen que la ropa no se seque y a todo esto hay que sumarle que la movilidad es bastante reducida: de cubierta a la litera y de la litera a cubierta.

Estoy feliz de estar navegando en estas condiciones nuevamente” decía Ñeti. Cinco minutos más tarde el splash no paraba y las olas mojaban todo. Se lo piensa mejor y me dice: “Feliz por cinco minutos. Ahora hay que estar concentrado cuatro horas con el spray en la cara”.

Ahora queda un buen trecho hasta Malaca y esperemos que la suerte esté de nuestro lado

¡Vamos ¡MAPFRE”!

Fran