Un día común, como cuando llegas a casa y te preguntan: ¿Cómo te fue? Y entonces respondes: Bien, normal… Solo que nosotros no volvemos a casa y nadie nos pregunta cómo nos fue.

En la inmensidad del océano Atlántico y compitiendo en la regata más extrema del mundo no hay ni momento ni lugar para esas preguntas. Sólo importa el ahora y el futuro. El pasado, pasado está y sólo queda mejorar el ahora.

Ha sido un día en el que particularmente no hemos ido muy rápido, pero en comparación con el resto de la flota nos ha ido muy bien. Alguna que otra nube se nos ha cruzado y alguna que otra nube ha hecho acto de presencia en el camino de los demás. Algunas buenas y algunas malas, pero ninguna sorpresa o preocupación.

Todos han pasado por cubierta y la vida a bordo es relativamente cómoda. Un poquito de calor nos recuerda que ya estamos en latitudes tropicales y que el Ecuador esta muy cerca, sólo unas 900 millas.

Los chicos amenazan con el Rey Neptuno. El Sur al Norte es más duro que el del Norte al Sur, pero sólo hay un Rey Neptuno y sólo son bromas para asustar a los que todavía no han cruzado de Sur a Norte.

Llegó la tarde y con ella la noche. Preciosa, con el cielo descubierto y pocas nubes a nuestro alcance. A partir de las 20:30 UTC estábamos esperando el role de viento de más de 50º para virar y encarar rumbo Noroeste. A las 6:00 UTC todavía no había sucedido y nos encontramos en una situación de viradas una tras otra. Algún que otro cruce nocturno con “Dongfeng” y al ver su luz en el palo uno puede decir que están muy cerca, pero la realidad es que durante la noche, al ser tan oscura, no llegamos a ver exactamente con detalles.

Esta noche terminará pronto, pero queda mucho de ella por delante con sus trucos y artimañas.

#vamosMAPFRE

Fran