Una de las cosas que más me sorprendió cuando empecé a navegar en estos barcos fue la capacidad de los navegantes para estimar la duración de estas etapas tan largas. Este dato es conocido como ETA (Estimated Time of Arrival) y depende de tantos factores basados en estimaciones y probabilidad, como son la meteorología, las corrientes y las polares, el rendimiento del barco… que cuesta creer que sean tan precisos. Saber esto es de gran ayuda para calcular la comida y el combustible que hay que llevar a bordo, así como para organizar el resto de la logística del equipo.

También me ha sorprendido ver cómo afecta este dato a los ánimos de la tripulación. Al saber este dato antes de embarcarte tu mente ya se ha hecho a la idea de cuantos días vas a pasar en el mar y qué día vas a llegar a tu destino, aun sabiendo que eso depende de muchas variables.

Hay que decir que en las tres primeras etapas acabamos teniendo mejores condiciones meteorológicas de las que se esperaban, llegando uno o dos días antes de lo previsto a las paradas. Como podréis imaginar, los ánimos suben cuando has sido más rápido de lo que pensabas. Pero, ¿qué pasa si sucede lo contrario?

La duración estimada de esta cuarta etapa era de unos 20 días. Durante los primeros 6 días fuimos muy rápidos, tanto que se llegó a pensar que podíamos recortar tres días esa ETA inicial. Luego llegó el revés cuando nos topamos con unas calmas ecuatoriales más fuertes de lo previstas, tanto que puede que incluso tardemos 21 días en completar la etapa… Así que todo lo ganado al principio se ha esfumado. Ahora nos encontramos con unas condiciones extremas de calor, haciendo velocidades medias de tres o cuatro nudos y pensando que vamos a llegar cuatro días más tarde de lo que creíamos.

Al final vives con ello. La tripulación se apoya entre ellos y todo el mundo está pasando por lo mismo, pero por cubierta no dejas de escuchar comentarios irónicos como “¿sabes qué es lo mejor de todo? que hace tres días nos faltaban diez para llegar, lo mismo que ahora…”. Aunque la conversación acaba siempre con una carcajada, así que tan mal no estamos.

Ugo Fonollá