Eduardo Marín, “Dudu”, es el capitán del barco dentro del equipo de tierra. Llega un nuevo capítulo de la serie Entre bambalinas

EL BOAT CAPTAIN DEL MAPFRE

Eduardo Marín, en Newport © María Muiña/MAPFRE

Por todos conocido en el circuito de crucero español, “Dudu”, lleva como 22 años trabajando en esto. Empezó de muy pequeño navegando con su padre en una chalupa, luego en Optimist, Vaurien… Después comenzó a hacer trabajos en barcos y al final “acabé navegando en barcos de otros” dice entre risas con un acento a medio camino entre cántabro y vasco. Puro nervio, de aquí para allá, y con su pequeña libreta de notas siempre a mano, conocemos un poco más sobre él y el trabajo que realiza dentro del “MAPFRE”.

Cuéntanos “Dudu” en qué consiste tu trabajo.

¡Uy! En muchas pequeñas cosas. Tengo que estar comunicado y enlazado con todo lo que pasa en el barco y en tierra. Todo gira en torno a una lista de trabajos y tengo que ejecutarla junto al resto del equipo de tierra.

Cuando el barco está en el agua, está el día a día: cuidar el barco y que tenga buena presencia, tener el control de que todo está hecho y de que está listo para navegar, que no haya retrasos ni por ejemplo falte una vela… Todo esto lo coordino con “Ñeti”, que es capitán del barco dentro de la tripulación.

Organizar el quitar el palo, ponerlo, sacar el barco del agua, las cunas del barco, inventarios del Air Freight [contenedor de transporte aéreo que va de parada en parada], y de las cosas que van en los dos set de contenedores que se transportan por mar. Por ejemplo, éstos tienen que estar muy preparados, sobre todo los que iban a China y Brasil, que no podía faltar ni un bote de pintura, porque en esos lugares hay muchas cosas y materiales que no puedes conseguir.

Otra área es el rigging, donde apoyo a Renato. Él está al cien por cien y yo al cincuenta.

También tengo que ayudar al resto en lo que pueda, para apoyar y que esté todo hecho a tiempo, como le doy un poco a todos los palos…

Lo que más te gusta de tu trabajo es…

Pues es lo que he hecho siempre, también en los barcos más pequeños: mantener el barco y que todo esté en buen estado y no se rompa nada. Eso es lo que más satisface: que llegue el barco a puerto y lo haga con una lista de trabajos pequeña y los tripulantes contentos.

¿Y lo que menos?

Que no hay tiempo para hacer las cosas como te gustaría hacerlas. Las paradas son más cortas que antes y es difícil ponerte límites. También me resulta extraño trabajar en un barco y luego no navegarlo, que es lo que suelo hacer cuando no estoy en un proyecto de Volvo Ocean Race.

Pero esto de la escasez de tiempo siempre sucede: ¡por mucho que haya nunca es suficiente!

Sí [risas]. Igual también es porque somos un poco así nosotros… Somos gente de carácter muy meticuloso. Renato [rigger] no te va a hacer un nudo mal hecho, “Nervio” [composites] te va laminar poniendo todo el empeño y atención… Y es que, además, en un barco siempre hay algo que hacer: siempre puedes revisar una polea más, reforzar algo más, volver a chequear…

¿Quién es el regatista del equipo con el que estás más en contacto?

Con “Ñeti” [Antonio Cuervas-Mons], que como ya dije antes es el capitán del barco dentro de la tripulación. Cuando llega nos pasa la lista de trabajos, luego tiene que descansar unos días y cuando regresa tiene que enterarse de todo: esto se ha hecho así, esto ‘asá’, en esto hemos hecho lo que hemos podido, esto no lo hemos podido hacer…

¿Qué tiene de diferente esta edición de la Volvo Ocean Race en comparación con las otras dos en las que has estado involucrado [2005-2006 y 2008-2009]?

La mayor diferencia es la existencia del boatyard, un concepto de astillero compartido por toda la flota, que ahora es monotipo, con trabajadores de Volvo Ocean Race y que es difícil de explicar a la gente de a pie. Además es todo un poco abstracto: te ayudan pero no sabes hasta dónde llegan o pueden llegar.

¿Produce cierto estrés saber que el barco no está totalmente bajo tu control?

Ésa es una de mis tareas, controlar que todo esté bien, y es difícil. Siempre que hay alguien del boatyard trabajando en el barco, yo también tengo que estar para saber qué está haciendo o decirle que no lo haga si no queremos. Tengo que enterarme de todo y perseguirles. Pierdes mucho tiempo con eso, pero ayudan también. La verdad es que está resultando mejor de lo que pensaba.

Con la experiencia que tienes de vueltas al mundo anteriores y ésta, ¿con cuál te quedas?

En las anteriores, con un barco que cada equipo diseñaba y evolucionaba, era una regata más abierta: puedes innovar, pensar, mejorar cosas del barco… Con el monotipo no puedes darle muchas vueltas a las cosas porque es lo que hay, no tienes margen. El otro barco era más rápido y éste, más fuerte y seguro y las listas de trabajo son más pequeñas tras cada etapa.

¿Cuál es la mejor parada de todo el recorrido desde el punto de vista técnico?

Auckland (Nueva Zelanda), porque hay de todo en lo que se refiere a empresas de servicios náuticos. Y es además la parada anterior a la etapa del océano sur, donde hay que hacer más cosas y estás como más motivado y vas con mucho más cuidado si cabe.

¿Cambiarías tu puesto en el equipo por otro?

No, me gusta éste. Me entero todo de lo que pasa en el barco, que además luego tiene que volver a casa, a España. Y hay que estar al tanto de todo: es bueno para mí y para el equipo.

Por otro lado, estoy muy contento con el equipo de tierra que tenemos porque el hecho de que seamos todos españoles, o latinos, como quieras decirlo, ayuda mucho. El idioma, la manera de trabajar, nuestro propio carácter… La comunicación es total y trabajamos mucho más rápido. Somos los más rápidos en todo: en sacar el palo, el mástil, etc. Poder trabajar con un montón de españoles es lo mejor.

Y la última pregunta, ¿si pudieses harías la Volvo Ocean Race como tripulante?

Técnicamente sí me sentiría capaz de hacerlo, pero físicamente no puedo porque lo pasaría mal. Tienes que estar muy fuerte para hacer esto…