“Ahora creo que si volvemos a trasluchar estaremos terceros o segundos” dijo Pablo Arrarte hace dos días cuando nos encontrábamos cuartos en medio de la calma. No iba mal encaminado, ya que consiguieron recuperar el segundo puesto y desde entonces han sido unas 30 horas de mano a mano con Vestas a nuestra popa, a menos de dos millas de distancia.

El viento volvió a subir y el trote hacia el Sur continuaba. Hoy, a apenas unas 500 millas de cruzar el ecuador, seguíamos navegando a todo trapo, de largo y a 20 nudos de velocidad. Una situación bastante atípica en esta zona, donde la presencia de las calmas ecuatoriales suele ser habitual. Por lo visto vamos a cruzar por una longitud del globo por la que apenas las notaremos, según Juan Vila.

Aunque no nos encontremos con calmas, el ecuador se nota en el ambiente cálido y húmedo, sobre todo dentro del barco ya que al haber tanta agua en cubierta no podemos abrir las escotillas para ventilar.

Esta tarde han vuelto a aparecer estas nubes que tanto les gusta a los navegantes, y con ellas la anécdota del día cuando íbamos a atravesar una que venía con lluvia. En ese momento lo primero que me ha venido a la cabeza han sido las famosas duchas de esta zona, que no dejan de ser cortas pero intensas lluvias que acompañan a esas nubes. Pero lo más curioso es que la tripulación mediante buenas y claras indirectas se ha preocupado de que me duche… Por lo visto era uno de los que más lo necesitaba, y es que siete días viviendo en estos barcos de cinco estrellas ingenieriles, que no de confort, es lo mínimo que uno podía esperar.

Ahora falta por ver en qué condiciones llegamos a Ciudad del Cabo, aunque después de esta ducha estamos con las pilas bien cargadas.

 

Ugo Fonollá

OBR a bordo del MAPFRE