© Yann Riou/Dongfeng/Volvo Ocean Race

Ben (i) y “Nervio” (d), desayunando con la tripulación del equipo chino a su llegada a Ushuaia                                                     © Yann Riou/Dongfeng/Volvo Ocean Race

El mismo día que la flota se preparaba para el paso por Cabo de Hornos llegaba la primera rotura seria de esta edición de la Volvo Ocean Race. El equipo chino “Dongfeng” informaba de madrugada, a las 4:15 del lunes 30 de marzo, que estando a 240 millas al Oeste de Cabo de Hornos, su mástil decía basta rompiéndose por la parte de arriba, concretamente por encima de la tercera cruceta. La rotura del palo es posiblemente una de los “imprevistos” que nadie quiere vivir, y menos en medio de la oscuridad de la noche. Afortunadamente desde a bordo confirmaban que los nueve tripulantes se encontraban en perfecto estado.

Su plan inmediato: dirigirse como pudiesen (esto es: con el palo roto, dos velas colgando y una de ellas con parte en el agua, y navegando únicamente de un bordo) hacia la capital de Tierra del Fuego: Ushuaia (Argentina), mundialmente conocida como la ciudad más austral del mundo. Para muchos, ¡el mismo fin del mundo!

Pero demos marcha atrás al reloj. Siete días antes de suceder eso, el jefe de tierra del “MAPFRE”, Ben Wright, y uno de los miembros del equipo técnico, el cántabro Gonzalo Fernández de Velasco, “Nervio”, volaban desde Auckland, puerto de salida de la quinta etapa, hacia Ushuaia.

¿Su objetivo? Estar preparados por si sucedía algo al barco que patronea Iker Martínez en el siempre complicado y frío océano Sur. Habría que estar preparados para lo peor y listos para reaccionar en caso de que fuese necesario. El español era el único equipo que tenía miembros de su equipo de tierra en stand-by en Ushuaia. Además, había otra persona en Chile y otra en Buenos Aires.

Y allí llegaban Ben y “Nervio”. Los primeros días, al mismo tiempo que seguían la evolución de los barcos en la etapa, se dedicaron a hablar y reunirse “con los locales con los que ya habíamos establecido contacto antes de venir aquí”, explica Ben desde Ushuaia. Además, “buscamos las opciones para tener un barco adecuado y seguro en caso de que hiciese falta salir para encontrarnos fuera con nuestro barco y nos asegurarnos de que tendríamos todas las opciones posibles en caso de que fuese necesario actuar. Una vez tuvimos todo listo, estuvimos un día más esperando a que la flota llegase a Cabo de Hornos”.

Podrían respirar tranquilos, el “MAPFRE” superaría satisfactoriamente el paso por el océano Sur y entraría sin grandes problemas en el Atlántico.

No fue el caso del equipo chino. “Nos enteramos que ‘Dongfeng’ había roto el palo así que le enviamos un correo electrónico a su jefe de tierra y director de equipo para hacerles saber que nosotros ya estábamos aquí y que si necesitaban ayuda podían llamarnos y les echaríamos una mano en lo que pudiésemos”, explica Ben, jefe de tierra del “MAPFRE” y de los tres últimos vencedores de la Volvo Ocean Race.

Nos teníamos que ir el martes”, comenta “Nervio”, un veterano en composites que ya estuvo en 2012 en esos mismos lares ayudando al “Telefónica”, “pero hay una huelga general de transporte en Argentina que ha paralizado el país y nos han cancelado los vuelos, así que no podemos salir de aquí”. El equipo de apoyo del “Dongfeng” se encontraba en la misma situación, pero a la inversa: la huelga les impedía viajar a Ushuaia. Nosotros no podemos salir y ellos no pueden entrar”.

Y fue así que “MAPFRE” y “Dongfeng” se unieron en Ushuaia. Se pusieron en contacto con las autoridades locales e hicieron toda la logística para llegar a puerto: cómo entrar en Ushuaia, dónde amarrar… Resumiento: encontrar el plan apropiado con la gente correcta y llegar a buen puerto. El martes por la mañana en España, los de Caudrelier estaban ya amarrados y la tripulación pasaba aduanas.

Pero como no hay dos sin tres, el miércoles, ya sin huelga, los vuelos estaban completos así que tanto Ben como “Nervio” tenían que quedarse un día más allí, mientras los de tierra del equipo rival seguían sin poder entrar en el país, ahora atrapados porque la poca visibilidad y los vientos fuertes impedían salir al chárter que se suponía los conduciría a Ushuaia. Así que, como decía el santanderino, “les vamos a ayudar un poco en lo que ellos quieran y lo que podamos”.

Poco después el “Dongfeng” anunciaba que se veía obligado a retirarse de la quinta etapa y que su equipo de tierra llevaría el barco a motor de vuelta a Itajaí.

El jueves, día 2, Ben y “Nervio” volaban de Ushuaia a Buenos Aires, luego a Sao Paulo y finalmente a Itajaí (Brasil), donde esperan la inminente llegada del “MAPFRE”.

No es una historia de salvadores, sino de una camaradería que raramente se encuentra en otros deportes de alto nivel sin cierto toque de aventura.

Buena suerte a “Dongfeng” y enhorabuena al “MAPFRE” por la calidad humana de su equipo.

Definitivamente, la vela oceánica es otra historia.