Etapa 4. Melbourne – Hong Kong. Louis Sinclair dando presión al sistema hidráulico durante la noche © Ugo Fonolla/MAPFRE/Volvo Ocean Race

Desde que empezó la regata en Alicante ha estado presente en mi mente hacer algo que nunca se había hecho desde un VO 65: volar un dron de noche, esperando captar imágenes preciosas.

Para ello tenía claro que se tenían que dar las condiciones perfectas. El principal factor para llevar acabo este reto era la presencia de la luna llena y así tener algo de luz para que se pueda ver algo en la grabación. Esto no había sucedido en ninguna de las tres etapas anteriores, pero al inicio de esta cuarta etapa se presentaba una oportunidad de llevar acabo mi plan.

Sin embargo, al principio de la noche el resto de factores no ayudaban. Había unos 27 nudos de viento que provocaban bastante agua en cubierta por lo que se me mojaría el mando a distancia y estaba nublado, por lo que decidí esperar a ver cómo evolucionaba la noche. Finalmente tres horas después parecía que se habían presentado las condiciones perfectas, luna llena, cielo despejado y unos 18 nudos de viento. Había muy buena visibilidad sin necesidad de usar luces en cubierta, así que me aventuré a intentar mi reto. Lo que esperaba captar es una imagen en blanco y negro con el perfil del barco y la luz de la luna reflejada en el agua.

Llegó la hora del despegue, a través de la cámara se veía muy poco, era consciente de que la cámara que monta el dron no es la ideal para estas condiciones, pero confiaba en que la cosa mejorase cuando tuviese la luz de la luna a mi favor, pero no fue así.

El barco avanzaba a unos 20 nudos de media y tan pronto como el dron despegó ya era difícil tenerlo localizado y a través de la imagen de la cámara seguía sin poder distinguir nada. Gracias a las luces intermitentes cada tres segundos del dron podía saber su posición, aunque no su orientación. Intenté llevarlo a la zona donde quería grabar y que supuestamente podría ver algo en la imagen, pero una vez allí seguía sin distinguir la silueta del barco a través de la cámara por lo que decidí traerlo de vuelta. Esta parte no fue fácil, ya que al solo tener noción de su posición cada tres segundos y por la posición de avance, a veces era imposible ver las luces, pero finalmente conseguí tenerlo de vuelta a bordo, sano y salvo.

Esto fue posible ya que medité mucho acerca de lo que podía salir mal durante el vuelo, pensando en qué haría si cosas como estas pasaban. Sabía que no sería algo fácil y el objetivo final del vuelo siempre es traer el dron de vuelta. Después de cuatro minutos en el aire tenía sentimientos muy distintos, por una parte estaba contento de haber volado con éxito en esas condiciones, por otro lado estaba frustrado por no haber conseguido las imágenes que buscaba.

Ugo Fonollá.