FISTERRA, EL OTRO CABO DE HORNOS

© Ainhoa Sánchez/Volvo Ocean Race

Hace cuatro meses, cuando la flota doblaba Cabo de Hornos, se creía que ése sería el punto más peligroso de la Volvo Ocean Race y las millas más duras para las tripulaciones. Pero lo vivido por la flota en la octava etapa que finalizaba ayer, entre Lisboa y Lorient, –la más corta de la vuelta al mundo- no ha estado lejos del famoso punto más al Sur de la Tierra. Finisterre y la Costa da Morte aguardaban a la flota y, tal y como explicaba Fran Vignale, reportero a bordo del “MAPFRE”: “Si hubo días duros en esta ‘Volvo’, estas 24 horas están en el Top 5. Tal vez no en intensidad, pero sí en fuerza del mar, y más navegando de ceñida. Los chicos están muy cansados”.

Antiguamente, cuando se creía que la Tierra era plana, Finisterre era conocido como “el lugar donde termina la Tierra” tal y como bien dice su nombre en latín: Finis Terrae.

Unos cinco kilómetros de longitud que se adentran en el mar y un kilómetro y medio de ancho son las dimensiones de este mítico cabo que desde tiempos remotos ha sido objeto de estudio de numerosos geógrafos e historiadores. Su situación geográfica y sus increíbles puestas de sol hicieron creer a Decimo Junio Bruto –general y político romano que dirigió las tropas en la conquista de Galicia y Norte de Portugal- que este cabo era el lugar donde terminaba la tierra y donde moría el sol.

Hoy en día se sabe que la Tierra es redonda y que Finisterre es sólo el cabo más occidental de la Europa continental, pero no por ello ha dejado de ser un lugar cargado de historia y uno de los puntos geográficos más peligrosos para los navegantes. No en vano hablamos de un cabo que está situado al Sur de la llamada Costa da Morte, situada en la provincia de A Coruña y donde han ocurrido algunas de las catástrofes más fatídicas de la historia.

Un lugar cargado de historia

Cuando hablamos de cabo Finisterre estamos hablando de un punto geográfico cuya costa es extremadamente recortada y rocosa y donde las tormentas y los temporales son habituales, produciéndose en muchas ocasiones sin previo aviso.

En general, a lo largo de los más de 80 kilómetros que delimitan la Costa da Morte la geografía es extremadamente escarpada y las condiciones meteorológicas que se dan en este punto han provocado a lo largo de la historia que sea una de las zonas costeras donde más naufragios se han registrado, lo que ha dado lugar a su dramático nombre.

La navegación por esta zona siempre se ha considerado peligrosa y no existe a día de hoy un navegante que no sienta un especial respeto al surcar las aguas de Finisterre y la Costa da Morte.

Uno de los naufragios más trágicos en esa zona fue en el año 1890: El HMS “Serpent”. El crucero de la Royal Navy –Marina Real Británica- construido en 1885 naufragó frente a la costa gallega causando la muerte de 172 de sus 175 tripulantes cuando se dirigía al cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica) desde la localidad británica de Plymouth.

Llevaban ya un día de navegación cuando el “Serpent” fue zarandeado por un fortísimo golpe de mar y durante unas horas el barco se mantuvo sin rumbo hasta que amainó la tormenta, lo que provocó que la tripulación no consiguiese situar al barco en las cartas náuticas después del temporal.

Fue la noche siguiente cuando el casco del “Serpent” encalló contra la Punta do Boi en la Costa da Morte mientras navegaba a una velocidad de nueve nudos. El caos se apoderó de la situación y tan sólo tres de los 175 tripulantes lograron salvar la vida.

Pero el buque de la Royal Navy no fue el único que naufragó en este temido punto de la costa gallega. A lo largo de la historia han sido cientos los barcos que no han logrado salir de un embravecido mar que rodea este lugar. Sin ir más lejos, 20 años antes que el “Serpent”, en 1870, otro barco de la Marina Británica, el “Captain” se hundió a pocas millas de Finisterre, dejando 482 fallecidos y sólo 18 supervivientes.

En total se calcula que son más de 450 los barcos que han naufragado en la Costa da Morte desde la Edad Media y casi 1.000 en toda la historia.

Las millas más duras

El pasado miércoles día 9 de junio la flota de la Volvo Ocean Race superaba a primera hora de la mañana ese peligroso punto y lo cierto es que las condiciones que se encontraron en Finisterre no defraudaron. Vientos de más de 30 nudos y olas por encima de los cuatro metros se encontraron los siete VO65 a su paso por el mítico cabo. Por suerte, la visibilidad era buena y el “MAPFRE”, que superaba la Costa da Morte en cuarta posición, logró dejar atrás estas peligrosas aguas sin sufrir averías para poner rumbo a Lorient y afrontar las últimas millas.

Pero la calma no llegó después. El Golfo de Vizcaya recibió a la flota con unas durísimas condiciones que hizo que el cansancio arrastrado desde el paso por Finisterre se acentuase todavía más.

Sin lugar a dudas, y a pesar de haber sido una etapa de apenas cuatro días, las más de 600 millas que separan Lisboa de Lorient serán recordadas por Finisterre y como la ceñida más dura de toda la vuelta al mundo.