Estamos en una regata y eso está claro más claro que el agua. El 99% del tiempo estamos ya solos en la inmensidad del océano, a lo sumo se ven los otros barcos a lo lejos y con suerte algún pescador, carguero o velero dando vueltas cerca de alguna isla.

Ayer por la tarde navegando con el gennaker grande (A3) vimos que nos íbamos a cruzar con el “Vestas”, que estaba a estribor y con el Código Cero. Estaban a unas tres millas de nosotros y en poco tiempo aparecieron por sotavento gritando y pidiendo paso, ya que les corresponde estando amurados a estribor. Es muy raro que dos barcos de vela oceánica, nueve días después de haber salido de puerto, estén en el mismo punto y luchando por un derecho de paso. Creemos que su intención fue hacernos orzar tanto. La vida es así, hay que esperar lo inesperado, pero lo importante es cuan preparado estás para reaccionar, y si reaccionas que sea de la mejor forma posible. Luego del cruce, traslucharon y “Vestas” cambió del Código Cero al gennaker -A3-.

Los peces voladores son cada vez más frecuentes y pegan más fuerte. Los damnificados por ataques de peces voladores son principalmente Carlos Hernández, Anthony Marchand y Xabi Fernández. ¡Qué criaturas extrañas que nadan y pueden volar! Pero lo peor es que cuando te golpea uno de estos bichos el olor que deja no es el de una rosa precisamente… Y si alguno cae en el barco dentro del stacking y no se traslucha por unas horas, el olor es el triple.

El calor ya es más y más intenso. “Ñeti” [Cuervas-Mons] me dice que esté tranquilo, que todavía falta para que el barco se termine de convertir en un verdadero horno. Ayer ya no se podía descansar dentro del barco y acabamos todos fuera casi sin dormir por la noche.

La guerra de trasluchadas no ha cesado. Buscamos llegar a los Doldrums en un buen puesto, ya que a partir de ahí el que salga en el grupo de cabeza tiene más oportunidades de hacer podio en esta etapa tan estratégica.

Saludos a [email protected]!

Fran Vignale