La lista de la compra para la cuarta etapa ya está hecha y hoy ha sido el día de lanzarse a la aventura de encontrar productos occidentales en China. Afortunadamente, para el “MAPFRE” ésta es ya una misión cumplida

La compra perfecta (en China)

Maggie (izq), “Yiyo” (centro) y Fran (d) con la compra para la cuarta etapa en Sanya © María Muiña/MAPFRE

Paradójicamente, mientras el mundo entero está prácticamente copado por productos “Made in China”, estando en tierras del gigante asiático, vamos a la búsqueda de productos importados. Hace sólo dos días que el “MAPFRE” llegaba a este puerto pero no hay tiempo que perder.

El 19 de febrero se celebrará la entrada del año nuevo chino, la celebración más importante de las fiestas tradicionales de este país. Comenzará el que es en su calendario el año 4713, el Año de la Cabra, y la isla de Hainan recibirá en las semanas anteriores a más de 400.000 chinos, algo así como si toda la población de la ciudad de Palma de Mallorca se fuese de vacaciones al mismo lugar. La mayoría proceden del Norte, en donde en esta época del año los termómetros no superan los 0º C. Pero no sólo pronto aumentará el número de personas en Sanya, sino que los precios se multiplicarán por 10.

El choque cultural es grande. El idioma, una barrera infranqueable. Tampoco hay comunicación no verbal posible. Por ello, Maggie, una local de 26 años, ayuda aquí, junto a Thye, a todo el equipo español de la Volvo Ocean Race. Ambos son una pieza fundamental. Sólo ellos pueden conducir. Ellos saben mejor que nadie dónde encontrar las cosas. Y ellos son los únicos que pueden comunicarse en chino.

Iñigo Losada -responsable de salud-, Francisco Vignale –reportero y responsable de la comida a bordo- y Maggie, lista en mano, se van hoy a hacer la compra en Sanya. Y vamos con ellos.

Paso 1: Cálculo de necesidades
En cada etapa Iñigo Losada, “Yiyo” para muchos, se ocupa de confeccionar una lista de la compra que cubra las necesidades de los tripulantes (cada uno consume unas 5.000 calorías diarias) y que incluye desde productos perecederos, a productos de aseo, como cepillos de dientes, y productos para cocinar propiamente, como encendedores. La cantidad varía en función de los días de etapa. Los ítems, en función del feedback de los tripulantes.

Después de los entrenamientos y la experiencia de las vueltas anteriores [éste el tercer proyecto de vuelta al mundo para “Yiyo”], la lista básica ya la tenemos”, explica. “Por otro lado, mientras van haciendo la etapa, desde el barco nos mandan si hay algo que modificar de cara a la siguiente y así vamos actualizando la lista de la compra”.

A todo ello, hay que sumar la comida liofilizada, que no está incluida en esta compra, que son los dos platos principales a bordo: el almuerzo y la cena. “Ese cálculo se realiza antes de la vuelta. Cuando sabemos las etapas y la estimación de duración sabemos que tenemos que tener comida para tantos días en el set de contenedores 1 y 2”.

Su fecha de caducidad es longeva y no se estropea, no ocupa mucho espacio, cumple todos los registros sanitarios necesarios para poder importar comida en cualquier país y por tanto pasar aduanas sin problemas. “Eso sí lo podemos transportar en los contenedores”, afirma “Yiyo”. “Los consumibles como barritas, snacks o lo que hemos comprado aquí necesitaría un espacio de almacenamiento que nosotros no tenemos. Además podrían deteriorarse y a ello hay que sumar la complicación de las aduanas de cada país”.

Paso 2: La compra en sí
Son las 11:00 de la mañana. Maggie nos espera en el coche y nos lleva a un supermercado bastante internacional en el que hay productos de todo tipo y en el que cuatro occidentales, los únicos allí, y con uniformes de “MAPFRE”, llaman la atención.

Afortunadamente no parece muy complicado encontrar las cosas aunque siempre hay dudas. “¿Esto es leche en polvo?”, pregunta uno mientras intenta ver algo en la etiqueta que indique qué es exactamente. Mientras, al lado de Vignale, unas patas de pollo con sus uñas envasadas al vacío, que en China se consumen a modo de aperitivo, como quien come unas pipas en España. “¿Y si nos llevamos uno de estos a bordo?”, bromea.

Llegas al supermercado y ves qué tipo de cereales hay, por ejemplo, y qué variedades. Aquí en China es un poco más complicado encontrar variedad”, dice “Yiyo” mientras papel y bolígrafo en mano calcula cuántas cajas de café hay que llevarse para poder tener los 500 sobres que hacen falta para la siguiente etapa.

Quizás el sitio más complicado para hacer esta compra sea éste. En la anterior vuelta fue difícil. Ahora teníamos la ventaja de que ya conocíamos el sitio y con la colaboración de Maggie y Thye… Te limita la variedad y resulta más caro porque tienes que coger productos importados. Pero es lo que hay”, comenta Iñigo Losada. Con la alimentación de nueve personas que van a estar en medio del océano compitiendo durante 25 días, no te la puedes jugar.

72 latas de atún, unas 100 chocolatinas, espuma de afeitar, pasta como para una boda, leche en polvo, café, chicles, sal, aceite de oliva, pimienta, sacarina, lavavajillas, encendedores, cereales, noodles, queso en polvo, frutos secos, barritas de cereales, galletas, tabasco, un largo etcétera y siete carros llenos después: ¡reto superado!

Volvemos a la base del equipo en medio de un tráfico un poco caótico para nosotros pero no para Maggie. Allí nos espera una furgoneta con cuatro empleados del supermercado que nos ayudan a descargar toda la compra, que no nos cabía en el coche. No nos entendemos pero son muy amables.

Paso 3: el empaquetado
El trabajo seguirá ahora en la base del “MAPFRE” porque hay que organizar toda esa comida para almacenarla en el barco, un proceso que dura tres días: “Hay que quitar todo el cartonaje y poner la comida en el formato que nos es práctico a nosotros, que es dividido para cada día y con las cantidades que van a consumir los tripulantes”.

A separar cantidades en función de las necesidades de cada día, por tripulante, e ir empaquetándolas al vacío.

Nunca mejor dicho, un trabajo de chinos…