Hace más de 24 horas que estamos en el mismo lugar. Xabi me comenta que “esto es desesperante y lo único que puedes esperar es que el resto esté peor”, pero dudo que estén peor y, siendo realistas, esto puede que ni siquiera sean los Doldrums. Estamos atascados, sin viento y con uno de los calores más duros que he experimentado en mi vida. Todos nos vamos a acordar de esta latitud: 8º N.

Nunca he estado en una situación así, nunca más de 12 horas” añade el caña André Fonseca, que tiene dos vueltas al mundo y muchísima experiencia en vela oceánica. Esto que estamos viviendo nos sirve de experiencia a todos y está poniendo a prueba a esta tripulación y los niveles de frustración de toda la flota. Hay miles de detonantes para que uno se sienta frustrado.

De día, calor y nada de viento; y por la noche, lluvias y menos viento todavía. Hoy saqué una foto a los indicadores de viento y velocidad y en todos ponía 0.00. Y si pudiese marcar -0.40 lo haría.

A bordo creemos que esto es como la lluvia: “siempre que llovió, paró” o “la calma después de la tormenta”. Son frases que hacen que nos riamos de nuestra situación. Algunos tripulantes se han duchado, afeitado y repararon cosas del barco, pero el que más suerte tuvo fue “Ñeti”, que saltó al agua para quitar unas algas de la quilla y los timones, pero sólo durante un minuto.

Yo terminé de leer “El Principito” por sexta vez. Es un gran libro y se lo recomiendo a todos los que estáis leyendo este post ya que nos hace entender mucho de la vida y nos da uno de los mensajes más ciertos que existen: “Lo esencial es invisible a los ojos”. Algo bonito que me pasó esta vez leyéndolo es que estábamos navegando junto al Sahara, la localización que el escritor elige para su encuentro con el Principito. Fue como estar allí, aunque en el agua navegando con el barco, pero podía ver el desierto.

Un saludo a todos y ¡ánimo MAPFRE!

Fran Vignale  – Reportero a bordo